Revista Ground Online
logo revista Ground

Hábitat / Epecuén

Se cumplieron 30 años de la gran inundación que destruyó Epecuén. El pueblo quedó devastado por los caprichos de la naturaleza y los desaciertos del hombre. El agua se llevó todo pero no puedo con las ganas de renacer de quienes conocieron un pasado de esplendor y sueñan con un futuro posible.

Memorias del agua

Epecuén es sinónimo de gente que pudo resistir y reinventarse. Los relatos de sus antiguos pobladores coinciden todos en un sentimiento de tristeza e impotencia ante una desgracia que pudo haberse evitado. Hoy solo quedan escombros y casas derrumbadas. Hierros retorcidos y corroídos, paredes amontonadas en completo desorden, ruinas de un pueblo que se concentraba en 20 manzanas. Solo queda desolación de lo que fue uno de los principales centros turísticos de la provincia de Buenos Aires, el centro termal Villa Lago Epecuén, ubicado en el partido de Adolfo Alsina,  a 570km al sudoeste de la Ciudad de Buenos Aires.
Epecuén se desarrolló como destino turístico desde que en 1921 fue fundada por Arturo Vatteone. Hasta el día de la inundación contaba con una capacidad hotelera de 5.000 camas distribuidas en 220 establecimientos hoteleros, pensiones y residencias. Llegaron a recibir 25.000 turistas entre en plena temporada. La villa contaba con un complejo de piletas que el gobierno construyó como parte del proyecto para atraer a los jóvenes en la década del ’70. El desarrollo turístico convivió con la explotación de la sal que se utilizaba en el rubro farmacéutico y la fabricación del vidrio.
El nacimiento y la muerte del pueblo se relacionan fortuitamente con fenómenos climáticos. La gran salina se formó por evaporación de las aguas. Luego de un período de grandes lluvias, la sal se disolvió y se formó la laguna termal pero a partir de 1930 comenzó a secarse. En 1975 el gobierno provincial construyó el Canal Ameghino, una obra hidráulica para estabilizar el caudal irregular de la laguna, una característica natural e inherente a su condición, pero que causaba serios trastornos a la actividad turística. Esta obra de ingeniería conectaba entonces varias cuencas y regulaba el caudal de agua en todas las lagunas de la región. De esta forma ninguna de las lagunas se iba a secar y no había riesgo de inundaciones. El control de estas obras desapareció a partir del golpe de Estado de 1976 y fue ahí donde empezó a preludiarse el principio del fin.
En la madrugada del 10 de noviembre de 1985 una fuerte sudestada aceleró el desenlace. La fuerza del agua traspasó el terraplén que se había levantado para proteger al pueblo de un lago que se encontraba colapsado por la inusual cantidad de lluvia que había caído durante ese año. El nivel del agua fue creciendo un centímetro por hora. En dos semanas ya había dos metros de agua invadiendo el pueblo.
 Nadie sospechó que Epecuén terminaría completamente sumergida, por eso no fue evacuada con anterioridad. Pero esa misma madrugada sus 1.500 habitantes tuvieron que abandonar sus casas, sus negocios, sus hoteles y sus sueños. Los pobladores debieron irse y rehacer sus vidas como pudieron. Gran parte de ellos se asentaron en Caruhé, localidad de 10.000 habitantes que se encuentra a 7 km de la villa. La mayoría de las personas le inició juicio al gobierno provincial. Algunos cobraron el 50% del valor de sus propiedades. El resto, quienes pudieron esperar, recibieron la totalidad del dinero. Quince años más tarde.
La villa desapareció. En 1986 había 4 metros de agua. En el año 1993 el agua llegó a los 10 metros de altura.





El paisaje es completamente surrealista. A donde se mire hay destrucción. Los arboles siguen ahi, blancos y retorcidos, muertos de pie. Todo se derrumbó. Quedan muy pocos edificios reconocibles, El Matadero es uno de ellos, una obra monumental y extraña que en los años ’30 proyectó el arquitecto Francisco Salamone y que hoy no es más que una construcción de sombras exageradas y espesas, vacía y hueca.
Pero las ganas de renacer de un pueblo lentamente están devolviéndole la vida a un lugar donde nada parecería querer brotar. En los últimos diez años el agua comenzó a bajar, dejando al descubierto casi la totalidad de la ruinas. Esto va despertando de a poco la curiosidad de gran cantidad de gente que quiere conocer el lugar, generándose un movimiento turístico en la zona. Por este motivo, el municipio se ocupó de arreglar y acondicionar la villa para que pueda ser visitada de manera segura y sin peligros. Se limpió el asfalto y se reubicaron los escombros hacia los costados.Se colocaron carteles informativos de los lugares más representativos de la villa antes de la inundación y se creó un acceso de tierra para poder llegar. Una especie de Atlántida pampeana, un extraño pueblo fantasma que permaneció un cuarto de siglo bajo el agua está resurgiendo. Las autoridades de turismo propusieron declarar sitio histórico a las ruinas de Epecuén para que puedan ser visitadas. Desde la Secretaría de Turismo, a cargo de Javier Andrés,  aseguran “estar abordando la gestión de las ruinas con el mayor respeto posible”. Además, en el lago Epecuén se encuentra la población de flamencos más grande de Sudamérica y se está trabajando para que la zona se declare Reserva Natural Protegida. 
A orillas de ese mismo lago que ahogó tantos sueños hoy se gestan nuevas esperanzas. Se encuentra en plena construcción un nuevo parque termal que contará con 9 piletas climatizadas y cubiertas; una piscina olímpica de agua dulce; una piscina para tratamiento de kinesiología y rehabilitación; un piletón lúdico de 4.500 metros, con 6 toboganes y 3 islas; 4 módulos de solárium, sanitarios, duchas, vestuarios y lockers; una confitería mirador en dos plantas; un moderno y completo spa; un salón de eventos y restaurante ya inaugurado. Al parecer, una vez más, la voluntad de “seguir siendo” le gana a la melancolía.
Mientras tanto, con motivo de cumplirse en noviembre 30 años de aquel trágico día, se planeó el reencuentro de los antiguos pobladores y una visita conjunta a las ruinas. Muchos de aquellos que fueron sorprendidos por el agua y que hace 30 años lo perdieron todo, no pudieron superar la tristeza de lo ocurrido ni volver a la villa nunca más.

Podes ver más de esta nota en Facebook