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Ser urbano / Club Atlético Temperley


Un club "de barrio" que supo conocer días de gloria, descensos y hasta una quiebra levantada con el esfuerzo de sus hinchas. 103 años de una pasión que hoy es de primera.

Pasión gasolera

El Club Atlético Temperley, ubicado en la  zona sur del Gran Buenos Aires, nació en 1910 bajo el nombre de Club de Foot-ball Centenario – Temperley,  su nombre pretendía homenajear los 100 años de la Revolución de Mayo. En aquellos años, los jóvenes solían reunirse para jugar al futbol en los terrenos baldíos de la zona y ya empezaban a vestir camisetas celestes y blancas.  Uno de aquellos grupos, con mayor visión de futuro, creció hasta constituirse en un club. Su fundación definitiva se concretó 1º de noviembre de 1912.
Abandonando ya los potreros, el primer campo de juego utilizado por Centenario estaba ubicado en un predio de Turdera, con vestuarios, arcos y medidas reglamentarias que hicieron soñar a sus integrantes con la idea de enfrentar a otros clubes más poderosos.
En 1917, la aparición de la figura de Alfredo Beranger, una de sus dirigentes más paradigmáticos, vino a revolucionar la calma de la entidad. Beranger propuso que Temperley se inscribiera en los torneos oficiales de futbol, es decir, en la entidad que en ese entonces regulaba y organizaba los torneos más importantes de Buenos Aires, la Asociación Argentina de Futbol, antecesora de la AFA en épocas del amateurismo. Con la adquisición de una bandera, en ese mismo año, se adoptó como divisa definitiva el color celeste que se usaría, de ahí en más, en todas las actividades deportivas. Actualmente, el estadio, con capacidad para 21.000 personas y 15 cabinas de prensa, lleva el nombre de Beranger en su memoria y es uno de los estadios más antiguos de la zona y uno de los primeros en ser bautizado con el nombre de un dirigente.
El club siguió creciendo. En 1919 comenzó a jugar oficialmente en Segunda División.
Después de un proceso largo, en 1921 cambió su denominación por la actual Club Atlético Temperley y alquiló el terreno donde hoy tiene su sede el ferrocarril. Si bien ya era una institución reconocida, todavía no contaba con los instrumentos que le diesen fuerza legal para poder garantizar la transacción de arrendamiento que acababa de realizar. Este inconveniente hizo que su presidente, Alfredo Beranger, prestara su solvencia moral y material para obtener los terrenos del Ferrocarril Sud en enero de 1922. Al año siguiente, Beranger fue asesinado en un absurdo hecho relacionado con la adquisición del predio.



A lo largo de los años el padrón societario fue aumentando notablemente. Se inauguró sucesivamente el campo de juego, la nueva sede social, la pileta de natación, la cancha cerrada de pelota paleta, el buffet, se construyeron las tribunas de cemento que reemplazaron a los tablones de madera, dependencias administrativas, una Biblioteca Popular y más recientemente se instaló su sistema lumínico.
No todo fue gloria y progreso para “El Gasolero”. En el año ‘89 el Club se declaró en quiebra y se resolvió por mandato judicial el cese de todas sus actividades profesionales. Luego se dispuso la clausura hasta su eventual remate. Pero el denodado trabajo de los socios, vecinos y dirigentes evitó la desaparición de la entidad. Entre los años ‘95 a ’97, El Celeste hizo historia teniendo a la primer mujer presidente de una institución afiliada a la AFA, la abogada Edith Pecorelli, una de las socias que junto con otros estuvieron dispuestos a salvar al club a pulmón y con coraje. Pecorelli quien en su juventud representó a la Argentina en la selección de básquet, siendo vecina de Temperley dio sus primeros pasos en dicha disciplina dentro del club. Finalmente, junto con muchos socios que colaboraron ad honórem, lograron retomar la mayoría de las actividades. El 24 de julio del ’93 fue un glorioso día envuelto en pasión y llanto. Se vivió una de las fiestas más grandes que se vieron en un torneo de ascenso y se obtuvo además la mejor recaudación en la historia de la categoría.

Los días grises se terminaron. Después de tantas almas en pena y después de una profunda crisis institucional, Temperley renació con más fuerzas que nunca y consiguió en el ’99 el ascenso a Primera B Nacional. Hubo sucesivos descensos y ascensos pero la realidad es que hoy, Temperley, con sus 103 años de historia, es un club vibrante de pasión y se encuentra en la máxima categoría de nuestro fútbol.


 

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