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Berretines


Arquitecto y amante de los autos clásicos, Pablo Sámchez forma parte de la trinu mini, una comunidad de fanáticos de los Mini Cooper. En el último encuentro de minis que se realizó en Colonia, Uruguay, se llevó el premio al mejor auto y al mejor piloto.

El mejor de la tribu

Por fuera de su trabajo y lejos de los planos, los croquis y el diseño, el arquitecto Pablo Sánchez tiene una afición particular: atesora una selecta colección de autos clásicos. Un Ford A modelo ’31, una Coupé Ford modelo ’35, una camioneta Ford modelo ’51, un Citroen 11 Ligero modelo ’47 y una moto Honda XL 500 modelo ’81 forman parte de su preciado tesoro. Ciertamente detenta una fascinación especial por estos autos. A finales del año pasado adquirió su más reciente pieza: un MINI Cooper modelo ’81. Y acá es donde empieza esta historia.

El MINI es un pequeño auto producido por British Motor Company y sus empresas sucesoras entre los años 1959 y 2000. Se lo considera el auto más popular de la industria de Gran Bretaña y es, sin dudas, una verdadera revolución automovilística. Un ícono de los años ’60 que se destaca por su fácil manejo, su gran estabilidad, pequeñas dimensiones, velocidad y gran calidad. El MINI surgió de la escasez de combustible en Europa como consecuencia de la Crisis de Suez en el año ’56 que redujo el suministro de petróleo. Sus colores y diseño le permitieron mantenerse vigente a pesar de las modas automotrices durante el paso de los años.
El MINI de Pablo fue originalmente comprado 0km por una docente de la zona de Martínez en el año ´81 y lo tuvo en su poder hasta que falleció en 2004. En ese momento el auto quedó guardado en el garaje de su casa y, según cuentan, estaba tapado por un hule y con dos platos de comida para gatos apoyados sobre él. Fue un señor de nombre Fernando quien se convirtió en su segundo dueño, con el ganó el Gran Premio Argentino dos veces y un Gran Premio en Uruguay. En el ambiente, los amantes de los MINI sabían de la existencia de este ejemplar ya que era una pieza preciada por su excelente conservación y su estado de originalidad. Su particular color marrón lo convertía en un ejemplar casi exótico. Todos querían tenerlo. Pablo también quería tenerlo.
Su insistencia hizo que un día Fernando aceptara vendérselo, aunque no del todo convencido. Hasta el día de hoy su antiguo dueño se arrepiente de haber aceptado deshacerse de él. Al momento de la compra solo tenía 69.000 km. Pablo estaba feliz. El codiciado auto ahora era suyo.



En octubre de este año participó por primera vez del 9° Encuentro internacional de MINI Cooper, en el Hotel Conrad de Punta del Este, Uruguay. Encaró el certamen distendido, con ganas de participar y pasarla bien. Emprendió el viaje al país vecino sin demasiadas expectativas. Tal es así que se presentó a la competencia con el auto cubierto con el polvo del ca-mino y la butaca de Joaquina, su hija menor, montada en el asiento trasero.
Tal vez esos factores influyeron en la decisión del jurado, ya que pudieron ver que éste es un auto de uso cotidiano y que a pesar de eso se encuentra en impecable estado. Tal vez fue su peculiar color lo que influyó. Tal vez fueron todas sus piezas originales conservadas como salieron de fábrica. O tal vez fue la suma de todo.
Lo cierto es que, en un certamen donde participan cinco países de Latinoamérica (Uruguay, Paraguay, Brasil, Chile y Argentina), en el cuál se presentan 120 MINI Coopers debía haber un único ganador. El Jurado le entregó al MINI Cooper de Pablo el Primer Premio en la competencia de “Exhibición de autos” y Pablo obtuvo, además, el Primer Premio en la prueba de “Habilidades conductivas”.
Al momento de recibir el primer trofeo, Pablo hizo alusión al anterior dueño del auto, reconociendo que parte del mérito del excelente estado de su MINI era compartido. Al recibir el segundo galardón, el del mejor piloto, hizo un guiño a Fernando diciendo que éste, era sólo suyo... Dos logros impensados pero gratamente alcanzados.

 

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