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Berretines / Dany Ugarteche


ARQUITECTO DE PROFESIÓN, DANY UGARTECHE , SIGUE HACIENDOSE TIEMPO PARA DAR RIENDA SUELTA A SU VOCACIÓN POR EL RUGBY, AHORA COMO ENTRENADOR DEL PLANTEL SUPERIOR DE PUCARÁ

Pasión por la ovalada

Nació en Lomas de Zamora y al cumplir los seis meses, su familia se trasladó de Banfield a Monte Grande, de donde nunca más se fue. Allí dio sus primeros pasos, creció y hoy sigue trabajando junto a  esposa Gaby Sepulcri, en el estudio de Arquitectura y Decoración que ambos crearon.
Además de la arquitectura y la música, siempre le atrajo mucho el deporte en general y la actividad física. En lo referido al rugby, comenzó jugando en Monte Grande, y luego en Pucará, donde, de alguna manera, aún sigue despuntando el vicio.
 “Mi infancia transcurrió en una época en que la vida social pasaba por los clubes” dice Daniel. “Por aquellos años, en el pueblo, había cuatro instituciones: el Social, el Club Jornada, el Echeverría y el Atlético Monte Grande, cada uno con sus equipos de básquet e hinchada propia. Mi familia concurría al Atlético que, por estar a dos cuadras de casa, fue como mi segundo hogar …”
Casi por mandato familiar, a los cinco años de edad, Daniel también comenzó a practicar ese deporte, ya que su padre había sido jugador y por ese entonces, sus tres hermanos mayores también lo hacían.
Fueron pasando los años y un día, terminando sus estudios secundarios en el ENET de Llavallol, un profesor de educación física propuso a Daniel y sus compañeros jugar por primera vez un “partidito” de rugby “con una pelota cualquiera, redonda”, cuenta entre risas. Fue su primer acercamiento a algo totalmente diferente a lo conocido, y esto dicho sin exagerar. Para entender este punto hay que tener en cuenta que, por esos tiempos, el rugby no era un deporte popular y hasta se lo consideraba elitista, o al menos esa era mi visión. “Un compañero del cole que ya jugaba en Monte Grande Rugby  me invitó a acercarme al club. Si bien  conocía a muchos de los chicos del grupo, nunca me había imaginado que algún día  podría llegar a jugar con ellos; una pelota ovalada ? y peor aún; pasarla hacia atrás ?, todo parecía muy raro.
Cuenta que el primer día, el entrenador lo recibió con la siguiente frase; “te equivocaste, aquí no hay aros de básquet” pero, más allá de la ironía se sintió  cómodo con el grupo que lo trató muy bien. Por otra parte, el hecho de haber jugado al básquet le daba facilidad en el manejo de la pelota y, sumado esto a su altura y a ciertas condiciones para el salto en el line out, también producto de su anterior deporte, hizo que lo vieran como una incorporación conveniente para el equipo.
De este modo, a tres semanas de comenzar a entrenar jugó su primer partido oficial; “no tenía idea alguna de lo que debía hacer, además de tratar de ganar los lines. Las indicaciones antes de entrar a la cancha fueron; “Vos, sacala en el line y después seguilo a fulanito, que también juega de 2da línea”
De modo que a partir de ese día, anduvo unos cuantos meses deambulando por las canchas un poco perdido, pero como conseguía varias pelotas por partido saltando (y en definitiva, porque no eran muchos jugadores), se integró al equipo y lo más importante, al grupo de amigos.



Todo era muy diferente para él; pasó de jugar en un ámbito cerrado, con piso duro y luces artificiales a una cancha de césped, con luz natural y al aire libre. Pero, sin embargo, lo que más le atraía de este deporte era la parte humana, es decir, el grupo de chicos que conoció y que, con el correr de los años se convirtieron en sus grandes amigos, con los que actualmente sigue compartiendo momentos, gustos e inquietudes.
“En ese entonces, tomaba el tren 3 veces por semana para ir a un gimnasio; el Olimpia Cancillería, ubicado en Cerrito y Arenales”
A los veinte años tuvo que hacer el Servicio Militar y debió alejarse del mundo del rugby pero, sin perder el contacto con sus amigos. Aún estando en el ejército, comenzó sus estudios de arquitectura.
En el ’76 volvió al ruedo y ya no dejó de jugar hasta cumplir los 40 años, debido a una lesión en una de sus rodillas.
“La etapa en Monte Grande Rugby fue muy divertida y hasta diría romántica; hubo épocas en que entrenábamos en la plaza de la estación de trenes y nos reuníamos en la casa paterna de nuestro entrenador. Cambiamos varias veces de cancha para jugar de locales, ya que el club no tenía un predio propio. De hecho, yo nunca jugué en cancha propia, por decirlo de alguna manera”.
Más adelante llegaron los halagos y reconocimientos traducidos en convocatorias para participar en seleccionados de categorías superiores e invitaciones a giras y luego llamados para ir a jugar a San Cirano, Banco Nación y Pucará.
“En otra ocasión fui llamado para integrar un equipo que jugó en GEBA contra un preseleccionado de los Pumas; era el sueño del pibe !!, jugar con y contra jugadores que veía como inalcanzables …Pero en ese momento, estaba totalmente comprometido con el grupo y nuestras metas y esto fue más fuerte que la tentación de jugar en un club de primera división.”
Esta etapa culminó con el ascenso a lo que sería una tercera categoría, en el año 1982. El año anterior habían salido subcampeones y al siguiente festejaron con autobomba y público incluídos por la calle Alem.
Dabiel no sabía que 1983 sería su último año en MG . A fin de año, coincidió el alejamiento del entrenador, Patricio Baldrich y el hecho de que varios compañeros pensaron en dejar de jugar. “Esto hizo que yo también evaluara la opción de retirarme; durante varios años, curcé menor cantidad de materias para no perder entrenamientos y gimnasio y, ya con 29 años, era hora de sentar cabeza y recibirme …”
Pero, un día, hablando con un amigo y compañero de la universidad, Gustavo Porta, le preguntó porqué no se iba a jugar a Pucará, algo que nunca se le había ocurrido, pero poco a poco fue tomando forma.
”Si bien a muchos no les cayó muy bien mi decisión, la misma estaba tomada y con el tiempo, los enojos lógicos se fueron olvidando. De este modo, el año 1984 comencé una nueva etapa de mi vida, nuevas metas, mucho esfuerzo y dedicación para entrenar cada vez más.
Allí trabó amistad con el “Lobo” Heyde, una máquina de entrenar, quién lo impulsó a entrenar de la misma manera. A mediados de ese año debutó en primera contra Banco Nación:eEnfrente estaba Hugo Porta junto a un grupo de grandes jugadores. “Llegué a jugar casi 46 partidos oficiales, en primera división, además de torneos no oficiales, giras y amistosos. Fue un lujo”
Los últimos años, y ya sin la presión u obligación de jugar en el primer equipo, lo hice en la “Inter”, compartiendo vestuarios y canchas con chicos casi 20 años menores que yo; me decían “El Abuelo”, y realmente fueron épocas muy divertidas.
En la pretemporada de 1994 una lesión en la rodilla derecha lo obliga a retirarse y dedicarse de lleno a su profesión. Para ese entonces, ya se habia casado con Gaby y comenzó una etapa de mucho trabajo, dedicación a mi familia y poco rugby.
Hasta que en el 2005, su hijo Joaquín le dijo que quería jugar al rugby en Pucará. Tenía 10 años y jugaba en el colegio, pero eligió ese club porque tenía compañeros allí.
“Volví a acercarme al club, ahora como “papá”, luego como colaborador y finalmente comencé a “entrenar” alguna división juvenil. Digo entrenar con comillas, porque además de estar alejado del rugby por bastante tiempo, nunca me capacité como entrenador y por otra parte, me parecería una falta de respeto hacia los “verdaderos entrenadores”, que lo son por capacidad, esfuerzo y dedicación.”
Daniel prefiere decir que es un colaborador y tratar de aprender para luego transmitirlo a los chicos, ya sea en la parte técnica como en la humana, que es un complemento importantísimo de la primera.
De este modo, trata de devolverle al club, a su gente, algo de todo lo bueno que recibí.

“En esta nueva etapa, tuve la satisfacción de entrenar al lado de Nestor Carbone y Ronnie Benyon, dos glorias del club. Actualmente, me enorgullece formar parte de un cuerpo técnico liderado por “Corcho” Rey y Nelson Cid, junto a Cachito Minassi, otro de “mis” entrenadores, Cuqui Lacarra, Norberto Cruppi, Nacho Sufern Quirno y otros. Este grupo, a partir de Febrero será el responsable de dirigir al plantel superior de Pucará, lo cual nos llena de orgullo y de responsabilidades;  algo más para agregar a una larga lista de vivencias que el rugby nos da.”©

 

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