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Protagonistas

Tomás, Máximo y Emiliano se conocen desde chicos y siempre tuvieron el sueño de irse a recorrer el mundo. Hace poco volvieron de una vuelta de veinte meses y tres continentes.

Los viajeros

Volvieron después de estar un año y ocho meses .Recorriendo en mundo. Los mellizos Máximo y Tomás Aracama y Emiliano Vaccari se conocen desde que iban juntos al colegio San Marcos de Monte Grande. Fue jugando al rugby en Monte Grande Rugby Club donde se hicieron amigos inseparables.
A fines 2013, los hermanos Aracama habían terminado la carrera de Comercio Exterior y Emiliano la de Administración de Empresas. Los tres estaban trabajando en diferentes empresas cuando deidieron patear el tablero y reflotar la idea de viajar y trabajar afuera del país.
“Siempre nos atrajo la sensación de libertad de estar afuera” coincidieron, aunque la idea generaba un enorme desconcierto familiar.  Un día Máximo, cansado de su trabajo, le propuso a Emiliano iniciar ese viaje del que tanto habían hablado y soñado. Tomás se sumaría tiempo después.
Tomada la decisión de irse, empezaron a buscar un principio, un punto de partida. Por diversos motivos fueron descartando algunos destinos y acordaron comenzar en Nueva Zelanda. Fue así como en abril del año pasado se encontraron en la sala de pre embarque del Aeropuerto de Ezeiza abrazándose al gran grupo de afectos que había ido a despedirlos. En esa sala recién tomaron conciencia de que se estaban yendo, sin pasaje de vuelta, por tiempo indeterminado.
“Recién ahí nos cayó la ficha de que el viaje era verdad” cuenta Emiliano. Máximo agrega “El plan de este viaje fue, en todo momento, no tener plan”.
La primera parada fue Auckland, una ciudad prolija pero enorme que los asustó y que no era en absoluto lo que necesitaban sus espíritus aventureros. Entonces partieron rumbo a Mount Maunganui donde se hospedaron en un motorhome y consiguieron trabajo recolectando kiwis en una plantación, “fue lo más duro que nos tocó hacer” dicen. El próximo objetivo era hacer un viaje a la isla sur y conseguir trabajo en un tambo. “Un rugbier neozelandés que había estado en Argentina por un intercambio nos prestó su auto”, recorrieron la costa oeste y posteriormente llegaron al sur cuando estaba empezando el invierno. El destino y la buena fortuna los acompañaba a cada paso, “era increíble, todo salía redondo” dicen. Frecuentaban un bar de Invercargill llamado Cowboys, ahí, por esas casualidades de la vida, conocieron a un matrimonio dueño de un tambo que inmediatamente les ofreció trabajo y vivienda para ellos y dos amigos uruguayos que los acompañaban en esta parte del recorrido, “éramos unos hijos más, nos trataban como parte de la familia” cuentan con afecto. Se quedaron cinco meses en el tambo, soportaron las inclemencias del tiempo mientras realizaban diversas tareas de mantenimiento. “Estábamos dispuestos a todo, a trabajar de lo que fuera”, confiesan.




Durante su estadía, Los Pumas viajaron también a Nueva Zelanda para jugar la Championship. “La Pantera (N. de R. Manuel Montero, wing de los Pumas y jugador de Pucará) nos consiguió entradas para el partido y gracias a eso conocimos a las máximas figuras del rugby como Richie McCaw y Aaron Cruden” con quien mantuvieron un estrecho vínculo durante toda su estadía en las tierras de los All Blacks, compartieron asados y reuniones familiares, “no podíamos creer la humildad de este grande” repite Emiliano incansablemente. Después de ver el esperado partido de Los Pumas volvieron a trabajar al campo. Tenían decidido que en noviembre se iban a hacer la temporada de verano en Queenstown. Y así fue. Inmediatamente consiguieron trabajo haciendo parques en mansiones lujosas, trabajo que les resultó  de una exigencia física descomunal y que pudieron sostener durante pocas semanas hasta que consiguieron trabajo en una agencia de alquiler de autos. En sus ratos libres recorrían todo lo que podían y disfrutaban de las fiestas en las playas viendo la puesta del sol.
Abandonaron Nueva Zelanda y su recorrido los llevó rumbo a Sidney, Australia, donde trabajaron en un resort de lujo como lava platos y ayudantes en la barra. También pasaron por Brisbane. Permanecieron dos semanas en Australia. El próximo punto era Asia y el destino final el mundial de Rugby que se disputó en Inglaterra. Para ese entonces se había sumado Tomás al viaje. Hicieron una parada de un día en Singapur donde todo les resultó excesivamente caro. Pasaron entonces por Bangkok. “Fue chocante el contraste de la vida en un país de primer mundo a la vida en un país de tercer mundo” cuentan. Por Asia solo se dicaron a viajar y conocer sin necesidad de trabajar porque la vida allí era muy barata y tenían dinero ahorrado. Estuvieron un mes recorriendo Tailandia “¡es un paraíso!” explican con la mirada llena de recuerdos. Conocieron Camboya, Vietnam y Laos, donde les dieron hospedaje en una casa completamente austera y por lo poco variado de la dieta bajaron diez kilos cada uno. Pasaron luego por Myanmar, antigua Birmania, que recién hace seis años abrió sus puertas al turismo.
Su recorrido después los llevó hacia España donde visitaron distintas ciudades como Madrid, Pamplona y Barcelona. Recorrían Europa según la gente que iban conociendo y que les sugería puntos de interés. Tuvieron que volver a trabajar porque el costo de vida en España era bastante alto y lo hicieron en una parrilla argentina. Esta ayuda económica fue el puntapié final para lanzarlos rumbo al mundial de rugby. Antes debieron separarse por un tiempo ya que a Emiliano se le vencía el tiempo de permanencia que le daba su visa. Por ese motivo, se fue a recorrer Inglaterra solo mientras Máximo y Tomás recorrían el este europeo junto a sus padres que también estaban de viaje. Se reencontraron los tres cuando se iniciaba el mundial en Londres, cuna del rugby por excelencia. Para estos tres viajeros ahí comenzaba un nuevo sueño.
Aunque descubrieron lugares increíbles, con paisajes maravillosos e infinidades de culturas y costumbres, reconocen que “de este viaje nos quedamos con la gente que conocimos” y no descartan la posibilidad de partir de nuevo. ©