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Costumbres urbanas


Tiempo de carnaval

El carnaval es una celebración mundial asociada a la alegría, el colorido y la participación multitudinaria. La fecha en que se desarrolla depende de la cuaresma cristiana. Estas fechas están relacionadas con el ciclo lunar y los cristianos  acomodan los días para que el Jueves Santo siempre sea en luna llena  ya que, según cuenta la historia, la noche en que el pueblo judío salió de Egipto había luna llena y eso les permitió prescindir de lámparas  para que no los descubrieran los soldados del faraón. Este acontecimiento se celebra en las pascuas, puntualmente el jueves santo. Por lo tanto el carnaval siempre se va a acomodar de manera que el último desfile se haga un día antes del Miércoles de Ceniza. El carnaval, a pesar de que la iglesia no lo reconoce como celebración de tono religioso, está asociado con los países de tradición católica y en menor medida con los cristianos ortodoxos orientales. 
A pesar de las grandes diferencias en los festejos del carnaval alrededor del mundo, su característica común es la de ser un período de diversión, cierta permisividad y alegría compartida con los demás. En sus inicios, el carnaval era un desfile en el que sus participantes vestían disfraces y usaban máscaras, sin embargo con el tiempo fue mutando hasta tomar su forma actual. Según el libro Guinness de los Records, la celebración más grande del mundo es la de Río de Janeiro, en Brasil. Por otra parte, los carnavales más largos son el Carnaval de Montevideo en Uruguay, que se extiende por 41 días y los de Gualeguay y Gualeguaychú en Entre Ríos, Argentina, ya que duran desde el primer fin de semana de enero hasta el primer fin de semana de marzo.
Las festividades de carnaval llegaron a nuestro país en la época de la colonia aunque las autoridades virreinales intentaron censurarlas pero su espíritu festivo se mantuvo a través del tiempo, sobre todo en los sectores populares. Ya en el siglo XX, la costumbre se fortaleció aún más y se hizo habitual en todo el territorio nacional, aunque los rituales varían de acuerdo a la geografía de cada región y la pluralidad cultural de sus habitantes.
En el noroeste argentino son marcadamente diferentes a los de otras regiones. En Jujuy se celebran especialmente en la Quebrada de Humahuaca. Los hechos más importantes dentro de la ceremonia son el desentierro y el entierro del diablo de carnaval o Pujillay, que está representado por un muñeco que simboliza la liberación  de los deseos reprimidos y se lo considera una especie de dios de la celebración y la lujuria. Una semana antes del carnaval comienzan a desarrollarse carnavalitos y bailecitos con danzas tradicionales. Durante la celebración se hacen ofrendas a la Pacha mama, con la participación de comparsas cuyos integrantes lucen máscaras, se realiza el desentierro del carnaval en un mojón al que se arrojan bebidas, hojas de  coca y cigarrillos encendidos. Esta actividad se basa en la creencia de que el sol rojo fecunda a la Pacha mama dando origen a las semillas, troncos, follaje y frutos de la región. El festejo lo encabezan bastoneros que representan al diablo con máscaras y trajes coloridos, se utiliza talco en el rostro, hojas de albahaca en las orejas, serpentinas, papel picado y bailes que reúnen a toda la comunidad. El Domingo de Tentación se vuelve a enterrar al diablo que permanecerá oculto hasta el próximo año. De igual modo, los carnavales de Salta son una celebración popular en la que se refleja la mixtura de culturas que conforman esta ciudad norteña. Más conocidos como los Corsos Salteños, mezclan ritos paganos, tradiciones indígenas y costumbres hispanas. Este carnaval es una de las fiestas populares más ávidas de la Argentina. Se presentan corsos multitudinarios que se realizan en los distintos barrios de la ciudad y los mismos se preparan durante meses para los desfiles. Las comparsas llevan carros alegóricos y los bailes representan diferentes escenas o temas.
En la región mesopotámica, se realizan importantes celebraciones con un estilo similar al carnaval brasilero, aunque se le suman elementos de la cultura rioplatense como el candombe. Los más famosos son los que se desarrollan en Corrientes, Capital Nacional del Carnaval, que ofrecen desfiles de carrozas y comparsas con vestuarios lujosos. La tradición de los carnavales en esta provincia se remonta al siglo XlX, cuando homenajeaban a San Baltasar  con música y bailes. Pero en la década del ’60 comenzó a celebrarse a gran escala con una influencia de Brasil evidente en el diseño de los trajes y la organización de los desfiles al estilo escolas de zamba de ese país. Los desfiles tienen lugar en un Corsódromo y las comparsas más destacadas son Ará Berá y Sapucay, Arandú Beleza, Samba Total, Samba Show e Imperio Bahiano, entre otras.
Sin embargo otro de los carnavales de mayor importancia de Argentina es el Carnaval de Gualeguaychú, en Entre Ríos, denominado Carnaval del País y considerado uno de los carnavales más importantes del mundo por su majestuosidad, la importancia de sus carrozas, el lujo y la originalidad de los trajes y su Corsódromo con capacidad para  40.000 personas. Las principales comparsas son Marí Marí, Papelitos, O’Bahía y Ara Yeví, todas con más de veinte años de antigüedad, con un tope máximo de 280 integrantes y cuatro carrozas cada una. Ahí, las comparsas compiten entre sí para ser elegidas ganadoras por el jurado que evalúa diferentes aspectos de su organización.


En Buenos Aires el carnaval comenzó a celebrarse a partir del 1600, mezclando el legado español con el candombe de los esclavos negros. Los bailes de carnaval empezaron a realizarse en lugares cerrados alrededor de 1771, al principio se hacían en casa particulares y luego se trasladaron a los clubes barriales. Cerca de 1900 los corzos alcanzaron su popularidad máxima pero a partir de 1915 las comparsas perdieron importancia y surgieron las murgas, con características diferentes por el tipo de música y sus formas de manifestación, siendo más grotescas o picarescas. Hacia fines de 1960, en la ciudad de Buenos Aires eran célebres los corsos con lujosas carrozas recorriendo la Avenida de Mayo o las Avenidas del barrio de Flores, bajo una lluvia de papel picado y serpentinas. Las murgas y agrupaciones artísticas participan en la actualidad en corsos itinerantes por los diferentes barrios de la ciudad todos los fines de semana de febrero. En 1997 la legislatura porteña los declaró Patrimonio Cultural de la Ciudad. En los listados oficiales figuran más de 130 murgas y hay otras tantas intentando entrar al circuito de corsos. Por otro lado, existe un circuito alternativo de carnaval autodenominadas “murgas independientes”, integrado por murgas que prefieren la autogestión de sus carnavales, sin reglamentación del gobierno, conformando un ámbito de integración sociocultural y crítico con relación al gobierno de turno.
Una práctica típica en tiempos de carnaval es jugar con agua. En el siglo XIX era costumbre rellenar huevos con agua para después lanzarlos. Las familias de clases más acomodadas compraban huevos de ñandú para ese fin. También se llenaban con perfume. Otros objetos utilizados para lanzar agua eran bolsas de papel, pomos, baldes o jarros. En estos juegos participaban tanto grandes como chicos. En la actualidad, son los niños quienes juegan con agua entre sí durante el día por las calles de los barrios, llenando con agua pequeños globos, conocidos por todos nosotros como bombitas de agua.


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