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Primera persona

Nació en Almirante Brown. Se crió en Glew y fue cura carcelario. En la Parroquia de Lourdes desarrolló una inmensa tarea social. Hoy lo sigue haciendo al frente de la Iglesia de Monte Grande, donde sus misas carismáticas convocan a los jóvenes.

El Padre Carlos

El Padre Carlos Ramos nació en Almirante Brown hace 53 años pero vivió en Glew gran parte de su infancia. Era un chico de barrio que habitualmente se juntaba con los amigos a jugar en las calles. “No teníamos las limitaciones que hay ahora” cuenta. Frente a su casa, en un terreno baldío, solía armar con sus amigos una cancha de vóley donde pasaban largas horas de juego. “En esa época los pibes nos sentíamos libres. Hoy no existe esa familiaridad con los vecinos, es más, hoy en día no conocés a quien vive al lado tuyo. Los chicos van acompañados por algún adulto a todos lados y se volvieron más dependientes en ese sentido” explica con claridad.
Si bien pertenece a una familia católica, nunca fueron fervientes devotos, ni mucho menos. No vino por ese lado su acercamiento a la iglesia. Carlos, cuando todavía no era el Padre Carlos, empezó a tomar clases de yoga y casualmente dio con un grupo que tenía una marcada orientación cristiana donde se trabajaba mucho con la oración. Eso despertó su interés. A partir de entonces empezó su etapa de formación que le tomó más de 8 años.
En mayo de 2002 Monseñor Radrizzani lo ordenó diácono. Pero debió esperar para ser ordenado sacerdote. Mientras tanto acompañó al Padre Beigbeder en la tarea pastoral carcelaria, en la Unidad 19 de Ezeiza, en el pabellón de los portadores de SIDA, organizando la biblioteca y fomentando el estudio entre los presos. Estuvo en diversas capillas en Tristán Suárez, Llavallol y Remedios de Escalada. Finalmente el 24 de diciembre de 2007 Radrizzani lo nombra párroco de la flamante Parroquia Nuestra Señora de Lourdes (Las Heras y Los Jazmines, Monte Grande). “Fue un tiempo muy lindo y nosotros fuimos creciendo junto a la comunidad” explica el Padre Carlos. La parroquia tiene bajo su jurisdicción 5 capillas: Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, Santa Teresita, Nuestra Señora de San Nicolás, Santa Lucía y Villa Inmaculada, todas con una comunidad muy grande de jóvenes y algunas emplazadas en barrios muy humildes o asentamientos. A pesar de las situaciones difíciles que debió enfrentar, él no se considera un cura villero. “El cura villero tiene otro apoyo, más ayuda, otra publicidad. Acá hablamos de curas que enfrentan situaciones muy difíciles, cosas terribles y sin ayuda,  donde se destaca especialmente el trabajo del laico, la gente que trabaja incesantemente. El apoyo no es tanto del municipio, te arreglás con lo que te da la Parroquia porque mi idea es no depender de la política, por lo tanto los medios son limitados” explica y agrega “en el barrio Las Chacritas, por ejemplo, hacíamos bautismos debajo de un árbol. Hay otros barrios muy bravos en relación a las drogas donde debe hacerse un trabajo muy intenso sobre el tema. En los encuentros con los jóvenes te das cuenta de los grandes dramas familiares que viven muchos chicos, por eso la Parroquia se trasforma en un sitio de contención, el cura es referente en esos casos porque escucha, porque está presente”.


Pero eso forma parte de su historia, aunque sigue en contacto con la gente de Lourdes. Su presente es otro. En marzo de 2015, por disposición del Obispo Lugones, el Padre Carlos asume como nuevo Párroco de la Comunidad de la Inmaculada Concepción de Monte Grande. “Si bien lo esperaba, la noticia fue como un cimbronazo, sentí que fue demasiado rápido el cambio. Estaba trabajando en una comunidad donde a lo largo de los años, con mucho esfuerzo, se fueron logrando muchas cosas y todavía había mucho por hacer. El cambio fue difícil pero hay que adaptarse. Hay muchas cosas que no le puedo exigir a esta comunidad porque son estilos muy diferentes, sin ir más lejos, el estilo de las misas es muy diferente”. La gente en “La Inmaculada” lo recibió con afecto y muchas expectativas. Sus puntos a profundizar son el trabajo con los jóvenes, la familia y el trabajo con un grupo de Jóvenes Misioneros con la espiritualidad de la Madre Teresa. “Este año va a ser muy interesante en cuanto a la tarea misionera” concluyó. Si bien se encontró con una comunidad muy demandante se siente sorprendido por la cantidad de gente que convocan las misas carismáticas y la respuesta de los jóvenes.


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