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#Memoria / 40 años del Golpe del ´76

309 personas detenidas. 97 permanecen desaparecidas. 26 mujeres dieron a luz en cautiverio. Estos números son sólo una muestra del horror que 40 años depués sigue lastimando la memoria.

El pozo de Banfield

El 24 de marzo de 1976 no fue un día más en la historia argentina. En esa fecha las Fuerzas Armadas de nuestro país usurparon el gobierno y derrocaron a la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón. En su lugar, se estableció una junta militar, liderada por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas, el teniente general Jorge Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier general Orlando Agosti. La junta tomó el nombre oficial de Proceso de Reorganización Nacional y permaneció en el poder hasta diciembre de 1983. Esta etapa conocida como El Proceso es considerada como la dictadura más sangrienta de la historia argentina. El Proceso se caracterizaba por el terrorismo de Estado, la violación permanente a los derechos humanos, la desaparición y muerte de personas, la apropiación sistemática de recién nacidos y otros crímenes de lesa humanidad.  Actualmente, tras interminables derroteros judiciales y políticos solo fue posible condenar a parte de los responsables en juicios que aún hoy siguen su curso.
El Pozo de Banfield
Entre los años 1974 y 1977, en el edificio de tres pisos ubicado en la esquina de las calles Siciliano y Vernet en la localidad de Banfield, Provincia de Buenos Aires, funcionaba la Brigada de Investigaciones de Delitos Contra la Propiedad y Seguridad Personal, dependiente del Regimiento de Infantería Mecanizada 3 del Ejército Argentino. El edificio fue más trágicamente conocido con El Pozo de Banfield, un lugar oscuro y profundo, alejado y escondido a las vista de la mayoría, que funcionó como uno de  los más horrorosos centros clandestinos de detención, donde secuestraban, torturaban, se apropiaban de las identidades y hacían desaparecer a cientos de personas. Un pozo de donde casi nadie salía. Cayeron en él 309 personas, detenidas en condiciones infrahumanas. Al menos 97 permanecen desaparecidas y como mínimo 16 de ellas eran mujeres que parieron en ese espanto. Es que además de torturar y “chupar” gente, en El Pozo siniestro mantenían cautivas a las mujeres embarazadas para facilitar la posterior apropiación de cientos de bebés que fueron separados de sus madres y que hoy, después de tantos años siguen siendo buscados.


En un nuevo y triste aniversario del Golpe, del cual se cumplen 40 años, el monstruoso pozo de hormigón sigue en pie, destinado, por decreto provincial 2204/06, a Espacio para la Memoria, Promoción y Defensa de los Derechos Humanos. Es que en su interior todavía se conservan cientos de historias que no fueron y los ecos de las atrocidades sufridas por aquellos detenidos entre sus paredes, en una especie de tacho de basura gigante, lo más parecido al infierno, donde las personas perdían su condición de persona. Solo quien estuvo ahí comprende, además del dolor físico de las despiadadas torturas y vejaciones,  la sensación que producían los gritos de los compañeros y la desaparición de los ya “desaparecidos”. La angustia ante esa ruleta macabra a la espera de saber quién era el próximo en irse.
Sin embargo, en la actualidad el edificio sigue en pie, vacío,  ya que el lugar no debería ser modificado por tratarse de una prueba fehaciente en el marco de los juicios en las causas de lesa humanidad. Aunque hay opiniones encontradas al respecto e intensos debates por encontrar el significado de la palabra “memoria” cuando se habla de genocidio, en un futuro cercano, en El Pozo, se pretende emular lo realizado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) hoy transformada en museo. Mientras tanto, el espacio permanece desértico y silencioso, como un monstruo dormido. En sus paredes aun retumban gritos desgarrados pidiendo memoria, verdad y justicia.

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