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#PrimeraPersona / Darío Volonté

Darío Volonté tenía 19 años cuando un torpedo lo sorprendió en la sala de máquinas del Belgrano. Sobrevivió al hundimiento y hoy es un tenor reconocido en todo el mundo, que afirma que canta cuando, donde y con quien quiere.

No olvido jamás que la vida es una ilusión

El 2 de mayo del 82, los 1903 tripulantes del crucero General Belgrano sintieron el impacto de los torpedos lanzados por el submarino británico HMS Conqueror. La crueldad de la Guerra de Malvinas marcaba uno de los momentos más terribles que se vivieron en las aguas revueltas del Atlánticos Sur. La explosión y las casi 30 horas a la deriva dejaron huellas profundas en los 770 argentinos que lograron sobrevivir.
El ARA General Belgrano fue el único barco argentino hundido por submarinos en tiempos de guerra. En la caldera del barco, un maquinista de apenas 19 años fue uno de los que se salvaron.
Mucho antes de Malvinas, Darío Volonté había aprendió a sobrevivir. Su papá murió cuando él era muy chico y apenas entrando en la adolescencia se vio forzado a trabajar para ayudar a su mamá. Se ofreció como aprendiz de tornero. A principios del ’79, atraído por el sueldo que ofrecían, entró a estudiar en la Escuela de Mecánica de la Armada, sin sospechar que tres años más tarde se subiría a un tren con destino a Bahía Blanca para sumarse al combate.
“Si tenías conciencia militar de la relación de fuerzas, te dabas cuenta de que con los ingleses no podías”. Cuando el crucero General Belgrano se comenzó a hundir, Volonté llego a pensar “Pobre mi vieja. Quedó viuda a los 28 años y ahora se le muere el hijo”. Pero Darío no murió, se salvó como se salvan las personas en las guerras, un poco por instinto y otro poco por destino.
Cuando regresó del sur comenzó a fabricar muñecos de pañolenci, que vendía negocio por negocio. Después vendió prepizzas. También vendió terrenos, hasta que con una plata que le pagó la Marina y sus ahorros compró un Rastrojero. Trabajó para varias agencias de fletes y algunas empresas. Al mismo tiempo empezó a tomar clases de canto con José Crea, su “único maestro”, quien le hizo comprender que contaba con una voz de tenor que podía ser su instrumento. Para tener más tiempo libre, dejó el flete y empezó a “cartonear”, por las noches recorría las calles  en una camioneta para juntar papeles y botellas.
En 1996,  la gente de Ópera de Buenos Aires le propuso cantar Tosca en el teatro Broadway. Al año siguiente lo llevaron a Letonia para grabar una versión de El Matrero, de Felipe Boero, material que nunca se editó. De todas formas, la experiencia le sirvió para saber cómo era cantar sin tener que trabajar de otra cosa. “¡Qué bien que viven los cantantes!” pensó y tomó la decisión de probar suerte en Europa. Había un desafío artístico pero al mismo tiempo un incentivo económico más que tentador “Si no hubiera habido una motivación económica no lo hubiese hecho”, se sincera. Además la idea de las largas filas de los castings no lo seducía en absoluto.
Fue entonces que comenzó una gira con una compañía rusa por Holanda y Bélgica, cantando Il Trovatore y Un Ballo in Maschera, que le sirvió para tomar confianza y hacerse conocer en el mundo operístico. Tuvo la oportunidad de reemplazar a Ignacio Encina en el Comunal de Trieste. Ahí arrancó todo.
En el ’99 tuvo su debut en el Teatro Colón con Aurora. “A mi agente se le ocurrió una frase ingeniosa que decía: ex combatiente le canta a la bandera en el Teatro Colón”, recuerda. La sala explotó de gente y Volonté ganó una popularidad en el país que aun hoy en día le sigue abriendo puertas. De ahí siguieron actuaciones en las óperas de Zurich, París, Berlín, Roma, Tokio; en los teatros Alla Scala de Milán, Real de Madrid, Regio de Parma, los festivales de Wexford y Torres del Lago. Turandot, Tosca, Don Carlo, Ernani, La fanciulla del West  e infinitos etcéteras.
Está casado con la mezzosoprano francesa de origen croata, nacionalizada argentina, Vera Cirkovic con quien produce conciertos multitudinarios a través todo el país y Latinoamérica. Desde sus inicios, Volonté,  ha realizado una intensa labor en Argentina dando conciertos y óperas en casi todo el territorio, difundiendo el canto lírico. En la actualidad decidió incursionar, además, en nuestra música popular.
Con una carrera que se arma a medida que transcurre, a diferencia de muchos cantantes de su nivel que tienen programadas sus temporadas a larguísimo plazo, Volonté reflexiona “Si tengo que elegir entre vivir bien y barato o vivir bien y caro, elijo lo primero. Eso me da la libertad de laburar con quien, cuando y donde quiero. Y si me ponen contra la pared, dejo de cantar, me compro un puestito o un camión y me hago la vida igual”. Lejos de la idea de hipotecar su vida, queda claro que Darío Volonté canta porque le gusta, aunque defender su libertad de elección le haya valido muchos sinsabores y contratos rescindidos. Él mantiene su postura y tiene claro que cada trabajo guarda sus exigencias: el flete, el puesto de diarios o ser un reconocidísimo cantante. Todo conlleva algún sacrificio. “Si me contratan y me vienen a buscar a la pampa húmeda, yo les tengo que dar una voz cultivada y un nivel de calidad superlativo”, reconoce.
Volonté se preocupa por subrayar que todas sus decisiones están orientadas por lo que llama mentalidad de campo. Para él, lo mejor es mantener la voz y la mente sanas. Cree en la metafísica, el camino de Dios y el destino.

 

www.dariovolonte.com


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