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#Expresiones / Florencia Menéndez

 

Murales participativos

Su interés por el arte arrancó desde siempre: Desde que tiene memoria estuvo inmersa en arte. “Siempre tuve alrededor materiales de dibujo, en casa siempre se habló de la gráfica, del color, de la imagen. Siempre se degustó mucho la pintura Teníamos muchos cuadros” cuenta Florencia Menendez, esta artista plástica de Temperley. Su mamá también es pintora y Florencia la acompañaba a su taller de pintura, un espacio donde podía mancharse la ropa, las manos, quedarse hasta tarde “y estar con gente feliz de hacer lo que quería hacer” remarca. Se crió escuchando hablar con pasión sobre el arte y la vida. Su papá se dedicaba a la gráfica. Desde chica, como todos los chicos, pintaba y dibujaba pero a diferencia de los demás chicos, Florencia nunca dejó de dibujar. “Siempre tuve facilidad para dibujar, en el colegio era la que hacía los dibujos para todos los chicos a cambio de la tarea de inglés” recuerda entre risas.
No tiene una formación formal en la materia. No fue a ninguna facultad ni universidad de Bellas Artes, “quizás eso me hubiese  allanado algunos caminos pero hice mi propia investigación” reflexiona. Su formación fue durante su infancia y adolescencia al formar parte de ese grupo de pintores con los que vivía diariamente. Fueron muchos años de modelo vivo, de bocetar figuras humanas, de cientos de papeles abollados, de rollos archivados llenos de carbonilla. “Escuchaba todo el tiempo cosas técnicas, cosas poéticas, de vida, de lecciones. Se hablaba permanentemente de pintura” explica “eso fue para mí un aprendizaje de base muy importante, nociones que después amplié con maestros que a mí me gustaban y con libros”. Pero ser autodidacta no es para todo el mundo. Dice Florencia “hay quienes necesitan la estructura de una universidad, de ir todos los días, de tener horarios porque sino largan todo. Yo le huyo a todo eso. Cada uno tiene que elegir el camino de lo que puede hacer y le queda bien para seguir. Todo es válido”.
En un momento de su vida, cuando nació la primera de sus dos hijas y con menos tiempo disponible, tuvo que elegir de todas las actividades que hacía, a qué iba a  dedicarse y decidió pintar. Desde entonces se esfuerza para poder vivir de eso, que es tal vez, lo más difícil de ser artista. Hubo tiempos de crisis con la pintura en que debió salir a vender comida en la calle. “Hay momentos en que tenemos que aprender a hacer el trabajo de la pasión por un lado y el trabajo del pan por el otro” aclara “lo ideal sería ir hacia ese lugar donde uno puede vivir de lo que ama y no tener que correrse a hacer cosas que no nos gustan”


Con el tiempo fue limando lo que le gusta hacer y fue así como se inclinó hacia los murales. “Empecé copiando trabajos de otros y después surgieron los propios, después murales particulares en casas y en instituciones. Después arranqué con lo participativo, que ahí fue donde se me abrió un mundo enorme”. Los murales participativos son trabajos que se realizan con la participación de toda la gente que quiera participar en su realización, sepa o no sepa pintar. “No me junto con otros artistas para hacer los murales sino que trabajo con la gente que pasa por la calle y que tiene ganas de pintar”. Se dio cuenta que esta forma de trabajo es mucho más rica desde todo punto de vista, desde la rapidez del trabajo hasta la devolución instantánea cuando se finaliza una obra.” De alguna manera uno siente que abre puertas. Me parece importante esto de invitar gente que tal vez vive enfrasca en el trabajo y la rutina, invitarlos a participar en algo que tiene que ver con el disfrute, con el juego, con el niño interior” explica.  Reconoce que desde que arrancó con los murales participativos le cuesta hacer algo propio.
A través de sus obras trabaja temáticas sociales. “Siento que voy a seguir por este camino aunque pienso que siempre hay que rever la vida y los caminos, no quedarse estancado en el mismo lugar porque te morís. Creo que el interés por las temáticas sociales siempre estuvo adentro mío, desde chica, crecí en un centro cultural paseándome junto con los trabajadores y creo que eso está en mi esencia. De todas formas, si veo algo que es mejor voy a cambiar de camino, no porque no tenga una coherencia sino justamente porque la coherencia mía es no ser mediocre, no quedarme en un lugar estancada”. Durante muchos años  hizo  trabajos para particulares y expuso en galerías pero actualmente es otra cosa lo que la moviliza. “Hoy en día me llena de orgullo sentir que de alguna manera aporto un pequeño granito de arena, me siento orgullosa de haber podido abrir el campo de lo privado, lo particular y lo individual y esa cuestión de ego que tenemos todos, y los artistas más a veces, y abrir puertas a lo participativo, a trabajar con otra gente”.
Lo que le quiere transmitir a sus hijos es que sean buenas personas, que trabajen por el otro, que investiguen, que busquen, que intenten ser felices haciendo lo que les gusta
Se pueden ver sus obras embelleciendo distintos espacio desde un trabajo en “Altos Comederos” en Jujuy, murales para el Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora, una escalera peatonal del puente bajo nivel de Temperley, hasta un mural en un teatro de Cienfuegos, Cuba. Y concluyó “todo lo que uno hace en las instituciones públicas, lo hace también para uno también”.


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