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#Protagonistas / Javier Grenettier

 

Un Ironman en Nordelta

Ironman 70.3, también conocido como Half Ironman (Medio Ironman), es una de las series de carreras de triatlón de media distancia, organizado por la World Triathlon Corporation (WTC). El 70.3 tiene una distancia de 1,9 km de natación, 90 km de ciclismo y 21,1 km de atletismo. La suma de estas distancias son 113 km, aproximadamente, 70.3 millas, de ahí el nombre. Cada distancia de la natación, bicicleta, y atletismo son la mitad de las distancias de los segmentos que se encuentran en un triatlón Ironman. El Ironman 70.3 culmina cada año con un Campeonato del Mundo, participando los atletas que hayan obtenido la clasificación en las pruebas clasificatorias, durante los meses anteriores a la carrera.

Durante el mes de marzo, en el partido de Tigre, vecinos y visitantes pudieron disfrutar de cerca de esta prestigiosa prueba internacional de alto rendimiento que reúne natación, ciclismo y atletismo del que participaron alrededor de dos mil deportistas. La competencia, declarada de interés nacional por la Secretaría de Deportes de la Nación, es considerada la más exigente del deporte. Los participantes entrenan durante meses y deben tener una fortaleza física y mental inigualable para llegar a la meta. El trayecto delineado para la prueba inició en Puerto Canoas, un lago de aguas calmas donde se realizó el circuito de natación. En tanto que el veloz circuito de ciclismo comenzó por Av. del Golf dentro del complejo Nordelta, siguió por el Camino de los Remeros y continuó por el Boulevard de Todos los Santos. Fueron dos vueltas por una zona totalmente plana, sobre un perfecto asfalto y rodeada de senderos arbolados. Finalmente el running, recorrió la Av. de Los Lagos, a través de una zona residencial, cálidamente parquizada, plana, bajo parques de pinos, álamos y tipas.



Javier Grenettier, de 37 años, es un conocido martillero de Monte Grande que hace tiempo se encuentra al frente de Ruca Propiedades. Cuando no está trabajando disfruta de ocupar el tiempo libre en alguna actividad deportiva, “desde hace años participo en carreras de mountain bike. Siempre, desde chico hice deportes” explica. Javier cuenta “El Ironman siempre lo vi en la tele, como lo vimos todos y siempre se hizo afuera del país. En cuanto supe que se hacía uno en Buenos Aires me anoté aunque nunca había hecho tria”. Desde entonces estuvo prácticamente un año entrenando y preparándose para esta carrera. “Me metí en una pileta y empecé a nadar, empecé a correr de vuelta porque había dejado ya que me estaba de dicando un poco más a la bici” Así Javier corrió dos triatlones más chicos, con distancias más cortas para entrar en ritmo, con la idea de alcanzar, con Ironman, expectativas propias sin intención de obtener ningún tipo de marca, por la simple satisfacción de lograr sus propios objetivos como premio al sacrificio de tantos meses de preparación. “En el medio del entrenamiento Karina, mi mujer, quedó embarazada de nuestro segundo hijo que nació 7 días antes de la carrera. Llegué con todo ese peso a la competencia, de haber estado en la clínica tres días y no haber entrenado durante esa semana. Se te junta todo, el cansancio, la emoción del nacimiento, atender al otro nene, no dormir, la adrenalina, la ansiedad. Por suerte mi mujer me bancó. Pero, a diferencia de otras veces en donde mi familia me pudo acompañar, esta vez fui solo, algunos amigos pudieron estar en la llegada”. Movido por objetivos personales de alcanzar metas deportivas, Javier está siempre entrenando. “También es una actividad desestresante, cuando salgo de la oficina me voy a correr, a nadar o andar en bici para desconectarme y a su vez es una terapia ocupar el tiempo en una actividad deportiva con objetivos a corto plazo que me incentivan a seguir” asegura.

Grenettier quedó muy conforme con los resultados y asegura que lo más duro es el entrenamiento. Sin embargo, le encantaría en un futuro ir por más, participar del Ironman completo. Ahora, pasada la exigente competencia, va a dedicar un poco más de tiempo a su familia porque se le hace muy difícil encontrar los horarios para entrenar. Tiene a Santino de dos años y medio y la pequeña Juana de dos meses con toda la atención que cada edad necesita. “Me encantaría que mis hijos se contagien de esto, de cualquier deporte” finalmente desea en voz alta Javier.


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