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#SerExtremo / Vuela

Vuela es un túnel de viento vertical que permite recrear la sensación de volar de una manera segura y placentera. Es único en Latinoamérica y se encuentra en General Rodríguez. Aunque algunos lo utilizan para entrenar, es un espacio de recreación donde pueden volar niños desde 6 años y adultos de todas las edades.

Gravedad cero

Por qué contentarnos con vivir en el suelo cuando sentimos ganas de volar. Con esta inquietud en la cabeza tomamos la Ruta 6 hacia General Rodríguez, conocida desde siempre como un tradicional destino para el turismo de estancias y gastronómico, con sus famosas parrillas, pulperías y restaurantes. Pero desde hace poco más de medio año, General Rodríguez, tiene un nuevo atractivo difícil de imitar: un espacio para volar. A 40 minutos hacia el oeste de la Ciudad de Buenos Aires una familia de soñadores oriundos de Lanús dejó volar su imaginación y creó una gigantesca estructura para volar. El equipo es único en Latinoamérica, ya que sólo existe una máquina similar en Brasil, para entrenamiento de paracaidistas, y otra en Orlando, Estados Unidos. 

Desde lejos, todavía en el camino, no se llega a descifrar con exactitud qué es esa mole. En medio de un paisaje de llanuras y campos vestidos de otoño se erige en el horizonte esta monumental estructura de 33 metros de altura con cuatro turbinas que aspiran a las personas y las levantan desde una red ubicada a 6 metros del piso hasta una altura de más de 21 metros. Es un túnel de viento cerrado que está equipado en su parte superior de 4 motores eléctricos gemelos que generan 1000 hp de potencia. El diámetro del área de vuelo es de 4 metros. La velocidad del viento, en su máxima potencia, supera los 250 km/h. Esta impresionante construcción es el túnel de viento vertical más importante de América Latina y el primero de Argentina. Una obra que coloca al país como referente de la región y centro del desarrollo de nuevos recursos en el área de la aeronáutica y la actividad del entretenimiento. Fue construido y desarrollado íntegramente en Argentina en asociación con la Metalúrgica Calvagni.

La idea de este colosal proyecto nació en el año 2012 y fue pensado en familia. En aquel entonces Miguel Ángel Calvagni, piloto comercial y metalúrgico, viajó a Orlando dónde conoció un simulador de caída libre y volvió fascinado con la idea, él fue quien aportó su experiencia y conocimientos. Su hijo Ariel es ingeniero aeronáutico y fue quién ideó la estructura, se ocupó de la parte técnica, del diseño a escala, los ajustes y detalles de seguridad. Y finalmente su otro hijo, Norberto es un entusiasta publicitario que se ocupa de la logística y prensa, además de ser uno de los instructores. Para esta familia, todo en este proyecto cuadraba perfectamente con los recursos que tenían.  “Entonces empezamos a averiguar si acá había algún túnel, si se podían traer, cuánto salían, cómo hacerlo y demás cuestiones. Ni en Argentina ni en Sudamérica había algo así en ese momento” cuenta Norberto Calvagni. “Nos enteramos que traer esta estructura era excesivamente costoso entonces decidimos fabricarla. En un primer momento se hizo una maqueta 1 en 4, con un solo motor y menor diámetro, para que vuele una sola persona en vez de cuatro como ahora. Se diseñó en horizontal porque en la fábrica no teníamos lugar para hacer algo tan alto y resultó que funcionó” cuenta Norberto complacido con el éxito de ese primer intento. Ese prototipo que sirvió para corroborar que iban por el camino correcto, finalmente se desmanteló. Los Calvagni iniciaron la construcción del proyecto final, para lo que era necesario encontrar los recursos y el financiamiento. “Recurrimos al FONTAR (Fondo Tecnológico Argentino) que es un Programa del Ministerio de Ciencias y Tecnología que da subsidios o préstamos para innovación de tecnología, para proyectos que en el país no haya y que se quieran fabricar en Argentina. Nos aprobaron el proyecto, les encantó y nos prestaron un dinero. Después se siguió con financiamiento privado ya que muchas personas aportaron su granito de arena” relata Norberto “por eso también se demoró hasta la inauguración, porque había que conseguir los fondos, además las habilitaciones y los permisos fueron muy difíciles porque resultaba complicado de entender el proyecto acá” explica y continúa “Cuando se pedían los permisos a la Municipalidad, todo lo referido a seguridad y cuestiones técnicas se hizo bajo normas internacionales porque al ser los primeros, no había referencias. El apoyo del FONTAR más allá de facilitarnos el dinero también nos ayudó en ese sentido ya que contábamos con su respaldo”. Después de recorrer varios predios cercanos a la ciudad, con acceso fácil y donde no hubiera vecinos cerca a quienes pudiera molestarles el ruido, y después de descartar numerosas opciones que no cerraban, llegaron a General Rodríguez casi de casualidad, donde se encontraron con un Municipio que se mostró muy amigable con la idea.



Finalmente en diciembre de 2015, con una inversión estimada en los 30 millones de pesos, sostenida con sucesivos créditos, llegó el momento de sacar a la luz y explotar este increíble invento con un diseño industrial patentado en Argentina, “Únicamente los motores y los variadores se trajeron de afuera, el resto se fabricó íntegramente en nuestro país” relata Norberto orgulloso. Y desde que abrió sus puertas  al público ha recibido cada fin de semana cientos de miles de visitas de turistas y curiosos, pero también deportistas y paracaidistas interesados en realizar estas prácticas donde las personas se elevan con una corriente de aire controlada y cien por ciento segura. Entre salto y salto, los visitantes pueden ver las piruetas de los instructores y observar detenidamente cómo cualquier pequeño movimiento de los brazos, las rodillas o la cabeza modifica la resistencia que ofrece el cuerpo al viento. “Las entradas al túnel son breves porque el cuerpo no está acostumbrado a la sensación de la caída libre, a apoyarse en el viento, por lo tanto es una actividad que a la larga es cansadora. Cuando te tirás con un paracaídas desde un avión estás 30 segundos en caída libre. Acá se hacen entradas de 1 minuto o 1,4 minutos cuando son personas que vienen a entrenar que equivaldría a dos saltos en paracaídas” aclara el instructor.
 Aunque el primer objetivo de Vuela fue pensar el lugar como una opción de recreación y diversión, se encontraron también con otro público de expertos que se mostraron interesados en aprovechar este espacio seguro para sus prácticas, entre ellos paracaidistas, deportistas extremos, pilotos y aladeltistas. También se acercan gente de Fuerza Aérea, Ejército, Armada y Policía Federal para entrenar durante los días de semana. “Los fines de semana se le da un uso netamente recreativo. Desde el punto de vista comercial el proyecto superó ampliamente las expectativas” redondea Norberto.
No hay restricciones para disfrutar de la experiencia, excepto aquellas personas que hayan tenido dislocación de hombro o alguna lesión grave en el cuello, ya que la corriente de aire puede volver a lastimarlos. La actividad sólo se suspende por corte de luz o tormenta fuerte. No hay límite de edad para volar, los chicos a partir de los 6 años ya pueden realizar los vuelos hasta gente de 99 años. Tampoco se necesita tener experiencia previa. Por otro lado, también puede acercarse aquel deportista y paracaidista que busque iniciarse o perfeccionarse en este nuevo deporte indoor en Argentina. Mejorar el vuelo, tomar cursos, organizar camps y perfeccionarse en las diferentes disciplinas de IndoorSkydiving. El predio cuenta con un SUM, vestuarios, sala de proyección y más de 10000 metros de parque para disfrutar.
Gravedad cero, caída libre y la sensación real de volar son algunas de las experiencias que el visitante puede experimentar en Vuela.

Horarios recreativos
Viernes, sábados y domingos de 11 a 18 horas


+INFO  
Ruta 6, Kilómetro 137, en la intersección con Ruta 24
General Rodríguez, Buenos Aires.
Teléfono 11 23 78 47 07

vuela.wta@gmail.com.ar


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