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#ForExport / Matías Ison


Nació en Monte Grande. Estudió en la escuela pública y tiene un doctorado en física de la UBA. Hoy está radicado en el Reino Unido, donde integra un equipo de neurociencia de la Universidad de Leicester.

Matías Ison

El año pasado, la revista científica Neuron publicó un artículo sobre dos investigadores argentinos y uno norteamericano que lograron por primera vez ver en vivo y en directo cómo se forman recuerdos y se produce el aprendizaje. Rápidamente, los medios del mundo se hicieron eco de este descubrimiento, porque puede ser un nuevo punto de partida para estudiar la memoria y preservarla ante enfermedades como el Alzheimer.
Uno de esos físicos argentinos es el doctor Matías Ison. Sentado en un bar de Palermo, con jeans, zapatillas de lona y su melena llena de rulos parece más un turista que un científico.
Matías nació y se crió en Monte Grande, pero hace más de ocho años que vive en el Reino Unido.
“Me formé en la escuela pública y lo digo con orgullo” comenta Matías. Fue alumno de la Escuela Primaria N°37 y del Colegio Nacional Gobernador M. Saavedra de esa ciudad.
Cursó sus estudios universitarios la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió de Licenciado en Ciencias Físicas y posteriormente de Doctor en Física. Fue docente universitario, y una serie de becas y proyectos de investigación le permitieron especializarse en el país y en el exterior, hasta que en el 2007 se integró al Laboratorio de Neuroingeniería de la Universidad de Leicester, Inglaterra, como parte de un proyecto de postgrado.

Descubrió su vocación a temprana edad. “Creo que fueron dos momentos. El primero fue al comienzo de la secundaria, donde comencé a interesarme por las matemáticas y la física. El Segundo fue más de diez años después, cuando me di cuenta que las herramientas que había aprendido estudiando física resultaban sumamente útiles en muchísimos problemas que me apasionaban, como entender cómo funciona el cerebro humano”.
Matías se especializa en las neurociencias cognitivas que se ocupan de intentar entender cómo grupos de neuronas pueden dar lugar a nuestros pensamientos, recuerdos y emociones. “El año pasado publicamos un trabajo, que fue fruto de más de cinco años de esfuerzo, en donde mostramos, por primera vez, que hay neuronas en el cerebro humano que cambian su comportamiento de manera drástica en el momento en el que formamos una memoria nueva. Por ejemplo, cuando nos cruzamos con un viejo amigo en una pizzería. Entender cómo se forman estas memorias nos podrá dar información vital para ver qué ocurre cuando hay trastornos de la memoria, entre muchas otras cosas” .
Si bien una de las mayores satisfacciones que le da su carrera es poder viajar por el mundo, encontrar gente interesante y aprender de todos, reconoce como momentos de plenitud aquellos en los que todo funciona y se obtienen buenos resultados.
“Lo más difícil ser investigador en nuestro país es no estar seguro si las condiciones para hacer investigación de primer nivel se van a mantener en el tiempo. En particular, luego del impresionante crecimiento de los últimos diez años. Sin embargo, y a pesar de todo, la formación de recursos humanos y el nivel de investigación son realmente impresionantes y no es muy distinto al de instituciones que cuentan con muchísimos más recursos financieros” reconoce.

A sus casi cuarenta años, acaba de mudarse de Leicester a Nottingham, pero sigue guardando una inocultable nostalgia por su tierra natal. En un futuro cercano proyecta continuar con sus investigaciones en neurociencias y generar nuevas colaboraciones con Argentina... “y jugar con mi hijo León todo lo que pueda”. ©

 

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