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#SerUrbano / Kodiak Fitness


Hernán y María se conocieron haciendo deporte. Se casaron hace 21 años y desde entonces soñaron con dedicarse a eso el resto de su vida.

Sudor y pasión

A los 12 años, Hernán Tamburini se inició en el deporte jugando al rugby en San Cirano. A 18 años comenzó su pasión por el gimnasio y los fierros. Tanto que a los 19, vendió el auto que le había regalado su padre, y con esa plata compró algunos discos de peso, barras y mancuernas de un gimnasio que se vendía. Con esas pocas cosas, la ayuda de su papá y su hermano (y mucho pulmón) abrió su primer gimnasio.
“Era un lugar bastante chico, en Flores. Y bastante casero, con mi hermano soldamos las máquinas y mi viejo nos ayudó con la parte de construcción. Era un gimnasio chico pero funcionaba, se llamaba Kodiak. El sueño ya era real” cuenta Hernán.
María también empezó muy chica en el mundo del deporte. A los 8 años jugaba al hockey en el club italiano y desde entonces que no paro ni un sólo día de hacer deporte y de disfrutarlo al máximo. Conoció a Hernán por unos amigos en común, se casaron en 1997 y decidieron venirse a vivir a Canning.
Durante más de diez años recorrieron los días del trayecto desde Canning hasta Flores. “Toda nuestra vida estaba en Flores. Kodiak ya era uno de los gimnasios más conocidos de la zona, ya llevaba 10 años funcionando. Además, ya teníamos dos hijas que iban al colegio allá. Era una locura, nos levantábamos 7 de la mañana para salir con las nenas para allá, así llegábamos a abrir el gimnasio. Las chicas iban al jardín y Hernán y yo nos quedamos en Kodiak trabajando todo el día, hasta las 10 de la noche que volvíamos para acá”, cuenta María.
Pero cuando llegó su tercera hija decidieron tomar una de las decisiones más difíciles. Cerraron Kodiak y vinieron a trabajar a Canning. Para Hernán, vender Kodiak fue algo muy duro.  “Algo que yo con mis propias manos había hecho y después le había dedicado todo mi trabajo y esfuerzo, lo tenía que dejar. Pero a veces es así, y con mucho dolor lo vendimos”.
Desde el 2007 empezaron a trabajar en Canning, claro que siempre relacionado con el deporte. María daba clases personalizadas al principio y más adelante junto con Hernán empezaron a trabajar como profesores en un gimnasio de la zona. Era otro ritmo de vida, con horarios más reducidos y con más tiempo para disfrutar de su familia y de la tranquilidad que tenían en su casa.
Sin embrago, el sueño de Kodiak seguía latente. En el 2015 decidieron empezar de nuevo, de cero pero con todo el amor y pasión que los caracteriza.
Buscaron una de las mejores ubicaciones de Canning y pusieron manos a la obra. Después de 1 año y 3 meses de arduo trabajo de construcción, de compras de máquinas, equipamiento y entrevista a personal, Kodiak volvió a abrir sus puertas.
“La confianza y el apoyo que nos dieron tantas personas fue lo que hizo que hoy Kodiak vuelva a abrir. La emoción y gratitud que sentimos es inmensa. Apuntamos a tener un negocio que sea eficiente tanto en lo deportivo como a nivel humano, de nada sirve que haya mil máquinas si no hay alguien en el gimnasio que te ayude y te asesore con los ejercicios.”, cuenta Hernán con orgullo.

Todo lo que hacen es vocación pura. La pasión, la dedicación y el amor con el que hacen su trabajo se ve reflejado en cada paso. Un ejemplo de que lo más importante es hacer lo que a uno le gusta, ya que solo de esa manera se disfruta y se vive la vida de otra forma, y es así como lo hacen ellos.



+ INFO:
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Las Toscas Oficce - Canning
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