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#Comunidad / Somos Canning

Mauricio Vedovato, Walter Pérez y César Giuggioloni, son tres de los empresarios más representativos de Canning. También son una muestra de que es posible dejar de lado los egos particulares en pos de un interés común.

La unión hace a la fuerza

Entre Plaza Canning y Las Toscas hay menos de 400 metros. Es un sendero de tierra, arbolado con pinos y casuarinas que están ahí desde mucho antes que existan los shoppings que hoy concentran la vida comercial y social de Canning. Lejos de la aguerrida competencia que uno pudiera imaginarse, sus responsables saben que trabajar juntos es el único camino para lograr un crecimiento sostenido de toda la comunidad.
“No competimos, nos complementamos” dice César Giuggioloni, creador de Plaza Canning. El “Tano”, que conoció  Canning en el 2000 cuando vino a visitar a un amigo en el country Saint Thomas, afirma que hoy es su lugar en el mundo. Los que lo conocen saben que si algo define a este hombre es su perseverancia, su empuje y una visión de futuro que defiende a capa y espada. A mediados del 2000, vio que Canning estaba creciendo pero no tenía un centro comercial, ni de negocios, que se convirtiera en el punto de encuentro de sus nuevos y viejos habitantes. Así nació Plaza Canning, con el valor agregado de su arquitectura inspirada en los pueblos medievales de la Toscana. “Es un centro comercial, pero no es un shopping tradicional, si no un lugar en el cual convergen comercios, servicios, gastronomía, actividades culturales y hasta un teatro y un hotel”, explica.
“Yo nací en Ezeiza, conozco Canning cuando era un pueblito al costado de la ruta. Fui testigo del primer crecimiento, en los setenta, cuando vinieron los primeros countries, Hoy tengo el orgullo de decir que somos parte de ese crecimiento”. El que habla es un Walter Pérez, uno de los responsables de Las Toscas. Junto a su socio, Sergio Bagnoni, fundaron el segundo shopping de Canning. Es un shopping center moderno, con patio de comidas, complejo de cine, salas de juego y toda la oferta comercial que caracteriza a estos centros comerciales, con el agregado de un sector de oficinas, que responde a las necesidades puntuales del mercado de Canning.
Walter y César son, en si mismos, la representación de cómo se produjo el crecimiento de Canning. Ellos (como muchos otros) fueron quienes tuvieron la visión y la valentía de encarar un proyecto y llevarlo a cabo, aún cuando estas tierras no eran, ni remotamente, lo que hoy son. Con el diario del lunes todo parece más simple, pero había que estar sentado en un conteiner que oficiaba de oficina de ventas de Plaza Canning, hace diez años. O había que imaginarse que en una quinta donde había palmeras y gallinas, podía levantarse un shopping de tres pisos, con salas de cine. Y también hay que tener la espalda para bancarse todo eso mientras la población no alcanzaba la masa crítica de consumo.
“Nosotros somos conscientes del potencial que tiene esta zona. Cada uno sabe que tiene su mercado y que con nuestros complejos y nuestros desarrollos urbanos, estamos sentando las bases de un futuro crecimiento. Si nosotros, como empresarios, no nos unimos y nos complementamos, ese crecimiento se estanca”, afirma Walter, haciendo referencia a los proyectos urbanos en los que cada grupo se ha diversificado. Las Tocas con Las Toscas Office y Las Toscas Premium, el mega emprendimiento comercial y habitacional que acaban de lanzar frente al shopping y que cambiará la imagen de ese lado de la ruta.
“Hemos sorteado crisis económicas y sociales de todo tipo, como el país…y acá estamos. Yo tengo la teoría de que cuando las cosas vienen mal, uno tiene dos caminos: hoy te quedas a esperar la muerte, o la salís a enfrentar. Yo soy de los que la enfrentan” dice César. Así fue cuando en plena crisis inmobiliaria del 2008, con la primera etapa del complejo terminada, decidió encarar la segunda que triplicaba en metros cuadrados la existente, y lanzar Don Joaquín, un barrio cerrado que se convirtió en uno de los preferidos de los nuevos habitantes.


Con el tiempo, los emprendimientos de ambos se han vuelto referentes del crecimiento de la zona y ellos, como responsables, en las caras visibles de ese desarrollo. Fueron ellos, junto con Mauricio Vedovato (de Armando) y Juan Carlos Castiñeyras (de Dicec) los primeros en poner el hombro, cuando en una mesa de café surgió la idea de volver a promocionar Canning como una marca en si misma, dejando los egos personales de lado. Como ellos, siguieron un montón de pequeñas y medianas empresas y comercios que se unieron a GoCanning para trabajar en pos de la comunidad. De uno y del otro lado de la ruta, entendiendo a Canning como un lugar que excede los límites geográficos.
“Mis hermanos y yo nacimos en Canning, pasamos nuestra infancia en una quinta de la ruta 52. Mis padres tenían horno de ladrillo y después pusieron una ferretería para atender las obras de las quintas y los primeros countries de la década
del 70”, cuenta Mauricio Vedovato. “Muchos dicen que el mundo nos pasó por delante. Un poco es cierto, pero también es cierto que nosotros hicimos mucho para el ese mundo crezca. Mi padre, un inmigrante italiano, nos inculcó a mi hermano y a mí que si toda la comunidad crecía, nosotros también íbamos a crecer. Eso sigue siendo una máxima en la empresa”
Los Vedovato también las pasaron todas, y siempre siguieron apostando por el desarrollo integral de toda la sociedad, apoyando todos los emprendimientos urbanos, industriales, comerciales y sociales de la Canning “Sin importar de que lado de la ruta estén”, aclara este hombre de cuarenta y tantos años que hoy está al frente de la casa de materiales de construcción y planta modelo de hormigón más importante de la zona sur. Además, llevan a delante muchas acciones de responsabilidad social empresaria que no le gusta demasiado dar a conocer.
Los tres pueden parecer muy diferentes, pero tienen muchas cosas en común. Además del empuje, de la buena predisposición y del apoyo a todos los proyectos, tienen algo que los distingue del resto: son gente de palabra. A lo mejor como reflejo de ese pueblo devenido en ciudad, siguen manteniendo esa sana costumbre de responder siempre el teléfono, de atender sin necesidad de pasar por el filtro de una secretaria y saber que lo que se compromete en una mesa de café,
se cumple. No son los únicos, pero son referentes. Quizás esta nota esté teñida de cierta subjetividad, pero todos los que vivimos, trabajamos e invertimos en Canning tenemos mucho que aprender de gente como ellos. ©